A mediados de los setenta, leí la obra de Erich Fromm (1900-1980) titulada “¿Podrá sobrevivir el hombre?”. Básicamente trata de los problemas de la época, donde las referencias a la URSS (que no fue realmente “marxista”), al estado totalitario, a la China y Alemania de entonces, como también a la situación de las naciones subdesarrolladas y la presencia amenazante de las guerras. Aunque los asuntos actuales del mundo son muy diferentes, una mentalidad tan brillante como la de Fromm, en las páginas introductorias hace consideraciones que se pueden aplicar a las condiciones actuales. Al fin y al cabo, la humanidad no deja de ser la de siempre. Señala que las sociedades han sido incapaces de anticiparse a efectuar los cambios indispensables y afirma que quienes se opusieron a esos cambios —tal como sucede hoy, a comienzos del siglo XXI— son “las elites que mejor aprovechaban del orden existente y que por ello no querían renunciar voluntariamente a sus privilegios”. Añade que no hemos sido capaces de aplicar “la inteligencia de la historia a la acción política”. Opina que por rendir “culto” a ciertos “valores” institucionales e ideológicos que se oponen a los cambios, se renunció —como sucede hoy— a descubrir “los valores humanos y sociales básicos de nuestra civilización”.
Analiza las características típicas, que pueden ser patológicas, de esta forma de mirar al mundo y a las sociedades.
- “El pensamiento paranoide”, que es fácil de identificar en un individuo, mas no en las sociedades: los rusos son malos, los gringos son buenos, el mundo libre y el mundo totalitario, los cristianos son buenos, los islámicos son malos. Negro y blanco.
- “Mecanismo de proyección”, complicado igualmente de distinguir cuando es colectivo: el terror stalinista es cruel, pero menos cruel Somoza, Trujillo, Pinochet, las dictaduras del cono sur, si utilizamos ejemplos más recientes, y por supuesto los colonizadores europeos que asesinaron millones en África, Norteamérica y América del Sur.
- “El fanatismo”, especialmente político o religioso, cuando se impone una “verdad” a cualquier precio. Fanáticos, dice Fromm, hubieran sido Buda, Sócrates, Jesús, Darwin, Freud, Einstein. El fanático suele ser una persona desvinculada de la realidad.
- El “pensamiento de autómata”, al que Fromm se refiere especialmente y que es, a mi criterio, uno de los grandes dramas de la humanidad actual, dirigida mediáticamente, estupedizada, embrutecida, hecha a medida de la publicidad y de las redes. Hoy la gente cree lo que le dicen o le que ve, sin más consideraciones, sin cuestionamientos, sin una presencia individual con un criterio, una pregunta, un “por qué”. Si la semana anterior le dijeron otra cosa, es asunto que ni siguiera recuerda. El hombre actual está siendo armado y estructurado desde fuera, sin su participación personal, y eso influye hasta en la forma de reaccionar de las neuronas cerebrales que también se modifican poco a poco, para que piensen y actúen en determinado sentido preestablecido. Ya tenemos la inteligencia artificial en desarrollo…
Fromm escribe: “Técnica e intelectualmente estamos viviendo en la Edad Atómica (ahora sería Digital); emocionalmente vivimos en la Edad de Piedra”. De qué han servido los adelantos más grandes, muchos de ellos impredecibles y admirables, en la ciencia, la técnica, las diversas civilizaciones, la exploración espacial; de que han servido los logros en la medicina, en la producción industrial y agrícola, en el transporte; de que servido la construcción de ciudades maravillosas, monumentos, vías, sistemas de energía; de qué ha servido el desarrollo artístico, cultural, intelectual, los avances en el pensamiento y en la investigación, los inventos y descubrimientos… el listado podría ser interminable… ¿De qué nos sirve? De qué si cada vez somos menos “nosotros” sin que nos percatemos que el mundo actual es de una DESIGUALDAD monstruosa que se presenta en proporciones dignas de pensar en el peor de los infiernos imaginados, y está condenado a la desaparición, a la extinción de la raza humana debido al CAMBIO CLIMÁTICO, ocasionado por la sobreexplotación innecesaria de los recursos naturales. No creo que esté lejano el día en que desaparezcan de la noche a la mañana varias ciudades y mueran uno o dos millones de personas. Los primeros síntomas están dados, mientras los señores de las elites juegan a la guerra y se matan en defensa de sus intereses.
Según el Banco Mundial 700 millones de personas viven con menos de $2 diarios (pobreza extrema), y la mitad de la población mundial, o sea 4.000 millones de personas, viven con $6 diarios. Los niños tienen el doble de probabilidades de encontrarse en la pobreza extrema. En Ecuador, hace 60 años, el 30% de la población infantil padecía de desnutrición que les incapacitaba por siempre para desenvolverse en la vida. Si se lograría un punto de mejora por año, tendríamos necesidad de otros sesenta años. Después de la pandemia la situación se agravó aún más para la masa desprotegida. Estos y otros datos similares son reales y pueden ser de general conocimiento, pero…
Pero…, lo que se oculta y se calla, y sólo se conoce mediante otras fuentes, es diferente. La idea general es que habría que esperar en mejorar las políticas públicas en función de la salud, de la educación, etc. Pero…, ¿en manos de quiénes están las políticas públicas? Lo que no se dice es cómo está distribuida la riqueza en el mundo. Lo que se calla es que 100 personas, no corporaciones, ganan al año igual que la mitad de la población mundial o que un billonario puede ganar un millón de dólares cada diez minutos. No pienso abundar más en cifras o datos. Lo que no se sabe es que la abundancia sobra en este planeta hasta tal punto que la naturaleza misma nos está gritando: ¡paren o los extermino! La materia es eterna, la naturaleza tiene reglas claras que no han sido respetadas por el ser humano, que tampoco ha aprendido, por más “homo sapiens” que sea, a buscar sistemas, estructuras, políticas, acciones o lo que fuera, para buscar y lograr un estado de equilibrio humano, por lo menos elemental. Estamos muy lejos de esos objetivos. Saramago, en la novela La caverna, describió una ciudad-mall. Fuera de ella se encontraban los “desasosegados de nacimiento”. Onetti, en Dejemos hablar al viento, puso estas palabras en la boca de un personaje pintor: “Ahora yo quiero pintar una ola. Pintar una ola. Descubrirla por sorpresa. Tiene que ser la primera y la última. Una ola blanca, sucia, podrida, hecha de nieve, de pus y de leche que llegue hacia la costa y se trague el mundo”.
La naturaleza se está defendiendo y las alarmas son evidentes. ¿Acaso usted no siente cada vez más calor? ¿Conoce usted que el 40% de los insectos están en peligro crítico de extinción, hecho que destruye la base del ecosistema? La naturaleza prevalecerá sobre el ser humano para iniciar un nuevo ciclo evolutivo que durará lo que deba durar hasta la creación de otros “seres humanos” que vendrán. Mientras tanto, recordando las palabras de Carl Sagan, nosotros volveremos a ser “polvo de estrellas”. No creo que pueda sobrevivir el hombre. Más aún: ¿merecemos sobrevivir? No viviré para enterarme, pero tengo hijos, nietos, bisnietos y gente, amigos y paisajes o rincones que amo.
Abril, 2024.
Me encantan tus reflexiones. Siempre.